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La voz de los vencidos. Crónica sobre el estreno de Pablo Romano en el #20FLVR

La voz de los vencidos. Crónica sobre el estreno de Pablo Romano en el #20FLVR

Es martes. Hoy Pablo Romano presenta su documental Anhelo de rebelión en el cine teatro La Comedia a las 20 horas. Son las 20:07 y aún estoy pedaleando sobre David, mi bicicleta. Soy de esas que tienen justamente Trastorno de Ansiedad. La impuntualidad es algo que me predomina. Y aquí estoy, transpirando, pedaleando como medallista olímpica, como esclava corriendo por su vida, con bocinazos y gritos de por medio de algún que otro taxista que no detienen mi adrenalínica carrera. Me cambio de carril constantemente, decidiendo al instante qué calle me conviene tomar para no perder tiempo en quedarme esperando que el semáforo en rojo se ponga en verde. Ya siento que mis cachetes colorados y mi peinado supuestamente lookeado se ha vuelto una mentira y que parezco más un pelícano exótico de alguna parte del Caribe. Pero olvidé que los eventos – por lo menos a los que fui en Rosario – padecen el mismo trastorno que yo.

Mis amigas me reciben sorprendidas por la rapidez de mis piernas. Tardé en llegar menos de 10 minutos en estas casi 30 cuadras. Bañada en transpiración, colorada por doquier por estos más de 30°C y el peluquín peor que mala cresta de punk, llegué impuntual como siempre y el evento aún no había comenzado. 

20:20. Aun espero por entrar. Lo veo a Pablo Romano. No puedo evitar el saludo.

-¡Hola Pablo!

– ¡Ey, hola! – me dice, sonriendo no sólo con su boca, sino con sus ojos, con su cuerpo, mientras otra persona lo saluda al instante.

La gente comienza a moverse.

Ya sentada en mi butaca número 14 fila 7 miro a mis lados, los palcos de La Comedia. Frente a mí, el escenario oscuro: piso negro, bambalinas negras, escaleras negras y, como sumergido en él, la gran pantalla con el fondo inmóvil del 20° Festival Latinoamericano de Video y Artes Audiovisuales Rosario 2013.

La espera. La adrenalina paseándose por todo mi cuerpo, inquieto. La ansiedad de que no sólo el escenario esté oscuro. La ansiedad de que todo se vuelva negro.

20:38. La música comienza. Las voces de los presentes se vuelven murmullos, silenciándose al compás de la atenuación de las luces. Apago mi celular. La oscuridad.

“Unos años antes de nacer el siglo XX, nació el cine como espectáculo. Pero también como registro documental. Unos años después de comenzar el siglo XX, hubo una matanza en un pueblo perdido en la provincia de Santa Fe. El pueblo se llamaba San Javier y hoy ya es una ciudad”, comienza la voz en off de Pablo.

Entre fragmentos de la película de Alcides Greco El último malón de 1917 –uno de los pocos largometrajes de cine mudo que sobreviven en nuestro país- y entrevistas que Pablo Romano tiene con descendientes Mocovíes de sobrevivientes de esa masacre, se construye este documental. Cuidar la película es también cuidar la memoria.

Los primeros planos transportan al anhelo de querer, junto a ellos, lo que es de ellos: sus muertos, sus tierras, dignidad, memoria.

21:23. Aplausos. Al ritmo de los créditos, pienso: si la realidad es una construcción, entonces depende desde dónde nos paramos y qué miramos, o mejor dicho, a quién miramos.

Anhelo de rebelión es el grito del pueblo Mocoví, es la búsqueda de su reivindicación. La historia siempre fue contada por los victoriosos. Este documental muestra la otra historia. La voz de los vencidos.

LINK. Una entrevista a Pablo Romano previa al estreno.

La sorpresa

Junto a la presentación de Anhelo de rebelión, otros cortos tanto argentinos como internacionales también aparecían en la gran pantalla de La Comedia. ¡Qué grata sorpresa fue encontrarme con Enseguida anochece!, corto documental de 13’ de Gonzalo Gerardin y María Paula Trocchi (Buenos Aires).

Trata sobre Oscar. ¿Quién fue? Un hombre común y corriente, el cual no aparece en ningún momento. Es la creación del retrato de ese personaje y su contexto, tan afectuoso y entrañable que tuvo una mención especial en el Festival Internacional de Cine de Monterrey.

Una voz en off con una prosa rítmica y hasta poética dirigida al público, un bombardeo de planos detalle por segundo con tanta definición que sentí las texturas de cada imagen: saborear el cigarrillo, tantear la red de la mesa ping pong, tocar, como seguro lo hizo Oscar, su paleta engomada. Fue el rey de ese deporte de aquel viejo bar de viejos perdidos.

Una estética por momentos de Instagram, recrearon la historia y el contexto del personaje. Los movimientos de cámara y encuadres perfectamente asimétricos, además de enamorar por unos segundos, nos posicionan donde ellos quieren: en el recuerdo de lo que fue Oscar. Y la música, exquisita.

Terminar literalmente con la boca abierta al final de Enseguida anochece, ya dice mucho.

Analí Macuglia @AniMacuglia

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