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Hasta Hacernos Pelota en primera persona

Hasta Hacernos Pelota en primera persona

Hasta Hacernos Pelota (HHP) es una serie web creada en Rosario hace algunos años con el afán de mostrar “la desafortunada combinación entre fútbol y cultura”, según describen sus creadores. Tal vez muchos de ustedes no la conozcan, es probable que no lo hagan, pero nunca es tarde para sentarse y ver un par de capítulos en Youtube. Ahora, la serie está llegando a su fin y por eso convocamos a su director y guionista, Tomás Palma, para que escribiera un texto rememorando todo ese trabajo a pulmón que requirió HHP:

Dimos el puntapié inicial con mi hermano (Nicolás Palma) en el verano del 2012, haciendo lo mismo que hacíamos cuando éramos chicos: filmarnos en casa haciendo sketchs y gags para que lo vieran nuestros familiares. Montamos un estudio en lo que era la pieza de nuestros padres y llenamos las paredes con figuritas de fútbol. Hacíamos un plano que ocultaba lo chiquito y húmedo del espacio. Además de nuestros familiares, se los mostrábamos a nuestros amigos. Les gustaba pero no se reían casi nada, las escenas eran tan lentas como “Only you”. Subíamos los videos a un blog y los mandábamos por mails, redes; épocas de spam. Los guiones adaptados de unos micros de radio que hacía en “La Noche de Bárbara y Dick” (programa que se emitía por Rock & Pop Rosario), y mi hermano volvía a la noche tarde luego de la carrera de Teatro (a veces caía con compañeros e íbamos ensayando cosas para luego filmarlas -en algún momento-).

Algunos pocos amigos de las radios difundían el blog que habíamos creado pero no era más que una cosa bien artesanal, entre familiares y amigos, con algunos vestuarios que le choreábamos a nuestros padres del placard de casa (del grupo de teatro llamado “Che Miguitos”). Le dimos, más o menos, una estética al programa con el diseñador amigo Luciano Lioi pero él solo podía mandarnos diseños a mano por carta –desde una isla en Italia-, y luego las íbamos escaneando. Siempre he filmado con la cámara en una mano y con la otra haciendo el sonido; los actores se encargaron de un montón de roles ajenos a su oficio.

La segunda temporada aprovechamos un viaje familiar a Europa y cargamos guiones, pelucas y un par de camisetas de fútbol truchas compradas en calle San Luis. Nos metimos en cualquier lado y filmamos con mucha gente de allá: un sketch, por ejemplo, fue “el Hincha Humanista”, que le exigía a Messi -a los gritos desde la platea del Camp Nou- que distribuyera menos la pelota y más la riqueza. Volvimos con un disco externo lleno de material, mucho crudo sin sentido, y las mechábamos con cosas filmadas en Rosario –actuadas por gente de teatro, más algún amigo chiflado de las radios/bares-. Algunos medios locales percibieron nuestra polenta y empezaron a difundirnos, llegamos a recibir mails de algunos seguidores que estaban en cualquier otro lado del país, y –en un rapto de delirio- sentimos que podíamos llegar a ser estrellas. A lo grande. Así que decidimos hacer los textos de la mejor manera posible (nos hacíamos los independientes pero porque nunca tuvimos una buena oferta). De madrugada le pregunto, medio mamado, a un amigo si podíamos filmar algo con su hermana (Silvina Luna), y se nos terminó dando la circunstancia para que ella se luciera en su faceta de actriz dramática.

A todo esto, mi hermano estaba empezando a irse hacia Buenos Aires para instalarse y seguir con su carrera de actor. Impulsados por esto, nos sentamos a armar textos y ya no éramos sólo nosotros dos, se había sumado al tándem Cristian Stamponi -un vecino del barrio que se incorporó a HHP porque tenía la sangre del mismo color, habíamos sido moldeados por los mismos amasadores de humanos-. Siendo tres, nos aferramos bien fuerte y le dimos rienda suelta a soñar cualquier cosa. El programa pasó a ser una excusa para compartir procesos creativos con personas que admiramos o habíamos admirado. Hicimos viajes ridículos y larguísimos, súper cansadores. De varios trenes y horas para filmar gags de 4 minutos –tirados en un parque haciendo “Yoga para Futbolistas” junto a Damián Dreizik, por ejemplo-. Aprovechábamos los días quemando ahorros –de herencias, changas en negro, familiares generosos-; alimentados por una potente energía espiritual.

La tercera temporada decidimos dejarla de subir a Vimeo y solamente fuimos hacia Youtube (más popular y menos gorila). Nos preguntábamos por el poder de las ideas: ¿hasta dónde nos podían llevar por más chiquitas que fueran? Y así fue que imaginamos las cosas más osadas. Imaginamos dándole órdenes a Pergolini -grabando voces en off para distintos sketchs-, a la voz de Pedro Saborido diciendo textos escritos por nosotros mismos, a Fabio Alberti en la cocina de casa haciendo “Boluda Total”, al excelente dramaturgo Rafael Spregelburd interpretando un texto berreta de hincha “cabeza de termo”, a Andy Chango tocando en un living -bebiendo hasta que nos diera una patada-, a Luis Luque aceptando que le hagamos un contra plano en su propia casa, prendiéndole la mecha de una bomba de telgopor a Carlos Belloso para volar la AFA, poniéndole una peluca rubia ridícula a Coki Debernardi, y hasta a Pipo Cipolatti gritando como tesorero de un club de ascenso mientras dejaba caer un puñado de pimienta sobre su vaso de cerveza con ron. Las soñamos a esas escenas que se fueron materializando -con los imponderables de la vida-, junto a otras ideas deseadas, y fue que creímos en la magia. Más de una vez.

Muchos artistas grosísimos participaban en el proyecto con la paradoja de que no eran futboleros. Una serie online que intentaba hacer chistes con el fútbol, con toda una gente que en su vida elegía hacer un montón de cosas que no tenían nada que ver con el fútbol. Eso le dio cierto estilo propio, imposible de definir, y se hizo de culto (porque casi nadie ve el ciclo, el menor porcentaje de la población podríamos decir a esta altura). Decidimos no difundirlo lo suficiente, arrojados con pereza sobre un futón, subiendo links y no más que eso. El esfuerzo de hacerlo “ya era demasiado” y nos llevaba “todas las energías”. Se nos acercaron de algunos programas de cable regionales pero siempre teníamos que poner guita nosotros (y eso que ni si siquiera los habíamos llamado). Aunque la serie online se iba viralizando, empezamos a darnos cuenta que no íbamos a hacernos famosos ni muy vistos. Algunos sketchs se hacían demasiado a la ligera en los procesos creativos, no estaban tan geniales, nadie jamás se sentaba a hacer un guión técnico, y sin embargo éramos desesperadamente felices. Es que lo que más disfrutábamos de HHP, no precisamente lo que subíamos a la web, lo que se veía. Todo eso estaba en otro lado, algo así como una extraña sensación de fe e inmortalidad.

La cuarta temporada es la última y es esta que termina en dos semanas. Nos terminamos de dar los últimos lujos: Eduardo Blanco, Ricardo Darín, “Puma” Goity, Mirta Busnelli, Diego Peretti, amigos de un zarpado grupo Uruguayo de humor; y hasta tenemos una hermosa relación con gente que nos banca como Los Bla Bla, Fabio Alberti, Andy Chango, Martín Rocco, Migue Granados, Tuqui, Mikozzi, Juan Faerman, músicos de Rosario, familiares, amigos, programas de radio, distintas redacciones; y bue, ahora nos quedan dos semanas con dos capítulos que están buenísimos: “El Indio Solari Futbolista” y “El representante del mejor jugador del mundo es narco”. Le fuimos agarrando la mano a esto de los sketchs, con una metodología casera pero pensada de manera intensa, y crecimos notoriamente en distintos aspectos. La manera de mejorar fue aprendiendo de los errores y para eso tuvimos que filmar mucho.

No vamos a seguir con Hasta Hacernos Pelota y la razón la encuentro en un momento que tuvimos juntos los tres –con mi hermano y Cristian-. Sucedió al otro día de filmar con Gastón Pauls en un barcito de mierda por Caballito, que nos pusimos a ver una película -en la que Anthony Hopkins hace de Hitchcock en una actuación brillante- y, en un momento de la película, Hitchcock se encuentra ante un problema: los estudios no quieren financiarle “Psicosis”. Él necesita hacerla sí o sí. Entonces vemos una conversación que tiene con su esposa de toda la vida, Alma Reville, en la que Hitchcock bebiendo un trago largo en su piscina le dice: “Disfrutá mucho de esta piscina, quizás no la volvamos a tener”.

Ella: “¿Cómo?”

Él: “La financiaremos nosotros mismos”

Ella: “¿Venderemos la piscina o toda la casa?”

Él: “Sólo quiero hacer la película”

Ella: “Por qué esta, ¿Hitch?”

Él: “¿Te acuerdas de lo mucho que nos divertíamos en los viejos tiempos? Entonces no teníamos dinero. Tampoco teníamos tiempo. Pero nos arriesgábamos, ¿te acuerdas? Experimentábamos, inventábamos nuestras historias, porque teníamos que hacerlo. Simplemente quiero volver a sentir esa libertad. Como antes”.

En ese momento se miran los dos con los ojos llorosos luego de 30 años de estar juntos, y a nosotros nos tocó bien hondo aquella tarde. Si bien no somos viejos, exitosos, ni millonarios, hemos sentido esa libertad haciendo HHP y creemos ahora que -de alguna manera- este proyecto nos ha aburguesado (al menos artísticamente). Estamos necesitando contar cosas de otra manera, volviendo a arriesgar con ideas chiquitas y poderosas que salgan de nuestros corazones. Por eso nos despedimos de Hasta Hacernos Pelota (que como todo amor que uno deja a un lado, no sabe si volverá a reencontrar).

Por lo pronto, quedan los últimos dos episodios, y el año que viene haremos otros proyectos que nada tienen que ver con este pero que nunca hubiéramos podido cranear sin haber hecho antes “la desafortunada combinación entre fútbol y cultura”. Por Tomás Palma

Nota: Tomás Palma | @hhpelota

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