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Mi vuelta al mundo en 182 días

Mi insoportable obsesión por los rankings: de Edimburgo a París

Mi insoportable obsesión por los rankings: de Edimburgo a París

Tengo una fascinación por hacer rankings de cosas. De todo. Y lo peor es  que siempre pretendo que los demás se diviertan conmigo haciéndolos y comparando y reírnos a carcajadas con vino y queso como en una película francesa.  Bueno, eso jamás pasa. Pero yo me divierto haciendo los míos. SOLA.

Como ahora tengo un blog, lo voy a usar para algo más interesante: resumir cosas. 60 días, 12 países, 19 ciudades. Esta vez, un top 5 de ciudades claramente me va a servir o de lo contrario van a dejar de leerme.

Estaba en mi típica sesión de terapia de los martes a las 16 cuando le cuento a Maxi que me iba a Europa y lo primero que me dijo fue ” tenés que ir a Edimburgo”, con una cara de emoción que claramente me hizo poner la ciudad en el itinerario.

En cuanto llegué ahí y salí de la terminal de colectivos entendí el por qué. Y gracias a mis pocas expectativas que tenía puestas en esa ciudad y por no haber visto ni usa sola foto previamente para dejarme sorprender,  escaló el puesto número 1 sin tener que pelear contra nada.

EDIMBURGO lo tiene todo en un mínimo espacio comparado con las enormes ciudades que venía recorriendo. Es de esas mini ciudades que parecen haberse quedado en el tiempo; con sus castillos, sus angostas calles, sus construcciones negras como consecuencia de la piedra con la que se construía, sus alucinantes parques verdes, sus pubs con música en vivo todas las noches (y en cada vuelta a la esquina), el whisky y las mejores galletitas del mundo (de manteca pura, obviamente, que le regaló a mi frente mil granos, pero que valieron cada segundo por lo fantásticas que son). Edimburgo lo tiene todo. La gente cálida y lo que es mejor: una de las mejores disquerías que vi en mi vida, donde dejé gran parte de mi presupuesto y, lamentablemente -por el ataque de ansiedad y felicidad por el precios de discos (que en Argentina no consigo y a 3 pounds cada uno, menos)- también dejé mi destartalado (pero al fin mi medio de conexión con mi vida en Argentina) mi amado celular.

En resumen, cuando esperas poco, ¡te llevas muchísimo!

El puesto número 2 es para ESTOCOLMO. Tengo una carrera frustrada y esa es Arquitectura. ¡Hola, hermosa Estocolmo! Edificios de no creer, con miles de colores y torres antiguas. Su distribución en islas, donde en una tenemos el casco antiguo, en otras parques y en otras parques de diversiones y museos. Y cómo no sumar puntos, si cuando llego al museo de fotografía hay una muestra de uno de mis fotógrafos favoritos: Helmut Newton. Corazón en exceso lleno de felicidad.

Y el diseño. ¡Puf, qué decir del diseño! Los escandinavos se caracterizan por ser los genios del diseño (¡y enhorabuena!) tanto en ropa, muebles y diseño grafico, hacen que uno quede fascinado en cada segundo imaginando lo hermosa que sería nuestra casa si viviésemos ahí. Pero como si esto fuera poco, las estaciones de Subte (o metro, como diríamos acá) se encuentran todas intervenidas por artistas y para los que no me crean, hasta hay una estación dedicada al orgullo Gay.

Pero también hay que destacar las rarísimas costumbres que tienen, como cuando terminan de cursar quinto año, que los estudiantes alquilan un camión de basura y recorren todo el día la ciudad con gigantes amplificadores arriba, escuchando música a todo lo que da, tirándose cerveza encima (y a todos los que les festejan por la calle) y gritando y bailando hasta que caiga el sol. Por las risas que me ocasionaron se ganaron mi puesto número 2.

Voy a volver a traer a colación el tema de no tener expectativas y quedar más que enamorada de una ciudad y eso es porque DUBLIN no estaba en los planes. Pero se desbordó el Danubio, imposibilitándome ir a Vienna y Budapest por lo que gracias a una aerolínea Low Cost el itinerario mutó a Irlanda, conociendo una ciudad que contradictoriamente no me pareció hermosa pero tiene algo que me hace querer quedarme a vivir en ella (y estar en tratativas de hacerlo también). ¿Qué pienso cuando me dicen “irlandeses”? Pubs y alcohol en demasía y es real. Temple Bar es la zona de bares donde desde las 10 de la mañana están abiertos y con gente emborrachándose. Sí, desde las 10 de la mañana. Pero lejos de esa imagen que podemos hacernos en la cabeza, todos los bares tienen sus pintorescos colores, flores en sus puertas, banderines y luces de colores en las calles.

No sé si será porque la gente está borracha prácticamente todo el día, pero la buena vibra que se vive en sus calles y en su gente, hizo que la ciudad de los vikingos se lleve gran parte de mi corazón y el puesto número 3 del ranking.

BERLIN. No sé si hay mucho que decir de Berlin. Llegué y me quería ir. La odié y me odié por odiarla. Hasta que empecé a hablar de ella tiempo después y de todo lo que tenía y de todo lo que había visto y de cómo se convirtió en lo que es hoy en día después de todo lo que pasó a lo largo de la historia. Y sí, no puedo decir lo increíble que es Berlín con palabras. Solo que es proporcional lo duro que es recorrer los campos de concentración, museos del holocausto y el muro de Berlín (a lo largo de toda la ciudad se mantuvieron distintos adoquines para mostrar por donde la cercaba), con lo despampanante que es su parte nueva con rascacielos, el Sony Center con sus millones de luces de colores y construcciones de no creer, y las zonas artísticas y bohemias. Del amor al odio hay un solo paso dicen por ahí. Y lo comprobé  a la inversa en la ciudad germana.

PARIS. París. París. Las primeras lágrimas las dejé en París, con el Museo del Luvre como primer visita, la hermosa y esperada torre Eiffel de noche con sus destellantes luces a cada hora, la zona artística de Montmatre, el museo D’Orsay y sus cuadros (originales, obviamente) de Vang Gogh y la ultima charla que tuve con él.

París se llevó muchas lágrimas de emoción. Pero también las mejores sonrisas. Y eso fue lo impagable del puesto número 5.

Posiblemente siga haciendo miles de top 5 y rankings (de tooodo) pero no creo que nada pueda sacar del podio a este 2013. Y si algo lo supera, levantaré una copa en su honor.

 

Nota y fotos: Aylen Bertozzi | @Rockandshooting

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