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Mi vuelta al mundo en 182 días

Mamá, me voy a Noruega

Mamá, me voy a Noruega

El viaje estaba completamente organizado en mi cabeza con mis caprichos, tiempos y recovecos por conocer.

Y ahí apareció Laurita, mi mejor amiga de la secundaria que por cuestiones de la vida nos fuimos separando, pero mágicamente, por otra amiga en común, nos reencontramos porque planeábamos el mismo viaje. O eso pensaba yo.

Día 1 de planificación

Mates, chipa, mapa de Europa y hojas interminables de apuntes de cosas que cada una quería ver. Ella arquitecta, yo fotógrafa y amante del arte, ni un año nos alcanzaba para hacer todo lo que queríamos hacer.

De repente se escucha: “Yo quiero ir a los países nórdicos, me iba a ir 15 días a Suecia porque tengo familia, pero si querés vamos una semana y lo demás lo repartimos entre Noruega, Dinamarca y Finlandia”…  Mi cara de shock no tenía nombre. Partiendo de la base de que ni siquiera tenia idea donde estaba Noruega, solo que hacía un frío de morirse.

-Mamá, Laura está loca… ¡Quiere ir a Noruega! ¡Allá arriba de todo!  Ya fue… ¡Me parece que viajo sola!

Y madre, sabia mujer, me dijo:

– Gente para ir a conocer París, Londres, Barcelona, vas a tener siempre… Pero alguien que quiera ir a los países escandinavos no, ¡¡¡¡no seas idiota y anda!!!!

Día 2 de planificación

Anotando en la lista bufandas, abrigo y gorro… Nos vamos a Noruega 🙂

Laura anotaba ciudades, yo decía todo que sí.

Ella nombraba lugares que en mi vida escuché y yo pensaba por dentro: ¿en qué me estoy metiendo?

Claramente la arquitecta sabía mucho más de lo que yo me imaginaba… En una hora y media pasamos de Edimburgo a Bergen (Noruega) donde anochece a las 12 de la noche y a las 3 de la madrugada ya es de día nuevamente. Donde los atardeceres son violetas y fucsias y sus casitas de colores del puerto hacen de la vista una postal.

Fiordos, frío polar, nieve y definitivamente paisajes que no esperábamos que nuestros ojos vean en este viaje, pero agradecidos de poder hacerlo.

Los días de Bergen terminaron y nos fuimos a Oslo, la expectativa subía al igual que los precios. Nota mental: están muy lejos de nuestro alcance los precios nórdicos.

Y Oslo… Qué decir de Oslo, solo que las expectativas se fueron por el inodoro. Oslo no gustó y eso es lo que nos llevamos, además de nuestro polaco amigo Mártin y sus city tours por la ciudad.

Pero llegó el momento de Suecia y Dinamarca. Ahí el corazón se nos explotó de felicidad. Partiendo de la base de que ella tenía familia allá y que estuvimos una semana comiendo comida casera, sintiéndonos como en casa nuevamente después de meses y equilibrando nuestra economía, ¡finalmente!

Lund y sus festivales medievales,  Malmo, con su increíble arquitectura, Estocolmo, siendo tan Estocolmo y la hermosa Gotemburgo… Dos pueblitos, dos megaciudades. Dos chicas felices.

Y Copenhague, donde pude ver la alucinante muestra de fotografía de los 150 años de la National Georgraphic, el Museo de diseño y donde finalmente salió el sol y dejamos de estar amarillas verdosas.

Hemos tenido nuestras discusiones a lo largo del viaje, 24 horas seguidas juntas, cuatro valijas, los cayos en las manos por llevarlas de un lugar a otro, el cansancio y la emoción a veces nos jugaban malas pasadas. Pero si hay algo que puedo decir con certeza es que el viaje sin Laurita no hubiese sido ni la mitad de increíble de lo que fue.

Nota y fotos: Aylen Bertozzi | @rockandshooting

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