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Mi vuelta al mundo en 182 días

Artísticamente Europa

Artísticamente Europa

A los 9 años le pedí a Papa Noel mi primera cámara. No me olvido más: una Kodak Mickey-Matic con sus rarísimos rollitos 110 (perdón pero me sale la Nerd de la fotografía de adentro, espero sepan entender). Hermosa. Llena de Mickeys y plástica, obviamente. Adiós a los viaje sin fotos propias.

Vale destacar que a los 6 años arranqué con los talleres de “arte” que no eran más que garabatos e intentos de esculturas, pero gran salvación para la mamá de la niña con atención dispersa que lograba tenerla sentada y concentrada una hora y media, dos veces por semana, después de intentos fallidos con danza clásica (que supliqué dejar a los 6 años por no poder dormir la siesta, sí ese carácter tenía) paddle, tenis y todas las actividades noventeras del momento. ¿A dónde quiero llegar? Después de pretender estudiar psicología o administración de empresas, se nota que tenía muy claro lo que quería hacer en mi vida, como siempre, terminé optando por estudiar bellas artes y finalmente fotografía, sin el asombro de mamá y papá.

Soy de las que se autoregalan para conmemorar ocasiones como cumpleaños, materias aprobadas y hasta el kilo de menos que marca la balanza. En 2013 no escatimé. Me recibí y me regalé mi “viaje de estudio” a Europa para disfrutarlo con lo que fue “mi regalo de final de cursado”: mi Pentax K1000, mi mejor amiga analógica y amada hasta el infinito y más allá.

Así que: 2013, Europa, cámara de rollos (y digital también para que la familia no me mande mil mails pidiendo fotos), tres rollos que conseguí que me traiga una amiga de Brasil y a viajar.

Museos, galerías, monumentos y arte en general iban a ser el centro de este viaje. Si bien tenía mis favoritos antes de arrancar, Europa no dejó de sorprenderme una y otra vez. 1783 fotos después de ciudades, paisajes y retratos, rescato algo de arte en las calles y hasta en las paradas del metro, esas cositas que uno encuentra por ahí, que merecen tanto la pena ser vistos y valorados como los museos que hicieron que más de una lágrima (¡pero de emoción, eh!) caiga de la niña hiperactiva e inquieta que todavía se acuerda de sus muestritas del taller de arte “Unicornio” y sus rollos de viajes a La Cumbre en Pascuas en los ‘90.

Nota y fotos: Aylen Bertozzi | @rockandshooting

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