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Flor de Cocina

La cocina y Flor: historia(s) de (des)amor

Soy Flor, Licenciada  en Comunicación y cocinera. Cocino y enseño. Viajera, fanática del cine, los libros y el helado. Además me encanta escribir, así que espero que todas estas características se integren en este espacio. A veces recetas, crónicas de viajes, de restaurantes, o un poco de todo, es lo que vendré a ofrecer en cada entrega ¡ Bienvenidos!

La cocina y Flor: historia(s) de (des)amor

Mi historia con la historia de la cocina, o lo que pasó antes de lo que estoy haciendo hoy: escribiendo, cocinando, enseñando, tiene muchos detonantes e historias previas. Pero diría que primordialmente tiene como puntos detonadores dos historias de amor que básicamente no fueron.

Para empezar a escribir me remonto a los comienzos. Y si, la gente siempre te pregunta: ¿cómo empezaste? ¿A quién veías cocinar cuando eras chica? No tengo una  historia lineal ni  referentes muy marcados aunque toda mi vida miré programas de cocina por Tv y junté recetas en papel. Supongo que la historia se remonta a la niñez cuando hacía tortas al llegar a casa a la salida de la escuela, incluso vendía empanadas y pastelitos a los vecinos  del edificio. Más tarde en la secundaria me re pasaba que me gustaba más juntarme a cocinar (¡¡ y comerrr!! Con la Nohe) que ir a bailar o hacer cosas de adol. Puedo decir que era un poco emo en este sentido.

Siempre estuvo ahí como placer, distracción, hobbie. No fue sino hasta la facultad cuando, como muchos de los estudiantes de Comunicación Social, me dí cuenta de que se podía estudiar una carrera y hacer más.  Obvio que ahí apareció mi amiga Sol apuntalándome como en tantas otras decisiones de mi vida a que me anote y empiece a estudiar “cocina”. Igualmente yo no paraba de pensar: ¿Cómo será ir a estudiar chef? ¿En una escuela? ¿Podré? ¿Y qué tendrán que ver todos estos interrogantes con la historia de amor? Obviamente un “chef”. Escuchar hablar en la fotocopiadora del primer piso de la facu (se llamaba “La pecera” y ya no existe más) una conversación en la que un estudiante de Comunicación que impartía el arte culinario, hablaba sobre el punto del merengue francés, ¡¡me mató de amor!! Y dije quiero hacer eso. ¿Dónde? ¿Cuándo? Y bueno sin dejar más detalles de lo que fue aquel “talk show mental” y de lo que pasó con aquel muchacho, les cuento que no fue mucho más que juntarnos a hacer un par de trabajos prácticos. Me encantaba, hacíamos los trabajos y tomábamos “la leche”, comíamos vainillas y “Coquitas”(creo que fue la última vez que las comí), que hasta el día de hoy me hacen acordar tanto a él, como los hongos de pino. Nunca más lo volví a ver, más que cruzármelo en algún evento. Pero ese encuentro marcó mi vida.

Desde  ya les aviso que tiendo a escribir largo y perderme en mi misma, pero sé que no es para los tiempos que corren, así que vuelvo a la cronología. El tiempo pasó…. Empecé y terminé chef, fui ayudante de Pastelería maestra, trabajé haciendo Catering y Mesas dulces, di talleres de cocina para chicos y en el medio de todo eso (y más porque siempre fui muy muy “multi”), fui niñera. Y otra vez: ¿Qué tendrá que ver? Cuidaba a un bombón, hijo de una familia muy natural, que cuida mucho los alimentos que comen. Quería hacerlo cocinar en las tardes que nos aburríamos, pero no tenía ni dulce de leche, ni chips de chocolate, ni manteca. Esto fue un hito en mi historia, por lo menos gastronómicamente hablando. En  lugar de todo esto teníamos: azúcar rubia, avena, y harina integral. Con eso empecé a hacer galletitas, improvisando. Las comíamos a la hora de la merienda y éramos muy felices mirando “dibus”. Esa también es una historia de amor, pero es una historia que hoy sigue y crece. Aunque no hacemos más galletitas, nos vemos de vez en cuando, jugamos un rato, siempre me hace trampa y  me dice despacito “Flor, te quiero mucho”.

Mientras tanto el tiempo siguió pasando, me recibí, ya era Comunicadora Social y todo lo otro (casi al mismo tiempo).  Empecé una Maestría, hice una peli, escribí un libro y otras cosas, pero no terminaba de decidir ¿a qué dedicarme?, mientras hacía un poco de todo y viajaba, conocí Argentina, algo de Latinoamérica y llegué hasta Europa. Ver la historia de cada lugar a través de “sus cocinas” ¡me flasheó! Empecé a escribir un blog, a registrar todo lo que me fue pasando (aunque eso lo hice toda mi vida).

El año pasado aún en esa crisis,  y en todo ese vaivén empecé una relación (que ya estaba desde hacía mucho tiempo empezada pero cambió de “sabor” para no irnos del vocabulario gourmet),  mientras me animaba por primera vez a emprender sola algo gastronómico. Es decir a cocinar y vender (cobrar por lo que hacía, es decir, valorizarlo. Darle valor en el mercado, tarea nada sencilla para mi jaja). El negocio recién empezada y yo no podía poner toda mi energía porque la tenía desperdigada en mis múltiples actividades y supongo que  porque me estaba haciendo las manos mientras suspiraba entre lluvia de corazones y porque no podía y punto.

Así fue como un día o una tarde para ser más exacta, antes de ir al cine con “él” a ver la última de Woody fuimos a merendar a esos lugares eco/veggies/naturales que están tan de moda y que ¡¡me encantan!! Yo me devoraba un “muffin integral relleno de dulce de leche” y le decía mmm!! Me encantaría hacer esto e incorporarlo a mi negocio 🙂 tendría que ponerme a “estudiar” recetas. Él que es un toque más práctico para algunas cosas me dijo: -“Flori le cambiás la harina y listo”. ¡Un nuevo antes y después! Era sábado, el lunes ya estaba probando recetas (¿habría sido la fuerza impulsiva del amor?). Muy rápidamente los vendía en la dietética de la esquina de mi casa, después sume más recetas, hice panes dulces integrales para las fiestas, roscas para las pascuas y mucho más. Hoy mis productos están en negocios y tienen sus propios fans por Facebook que compran asiduamente. ¡¡Ni yo lo puedo creer!! Como dije al principio, esa historia que sería la segunda, tampoco progresó. Pero para mí fue definitivamente un antes y un después. Él me animó  a “animarme” como también a escribir desde mí, desde lo que me pasa y desde mi subjetividad; que es lo que hoy con este espacio estoy empezando. Cuando se terminó esa historia no supe cómo seguir. Sentí que estaba tan desarmada que no podía hacer nada nada más que ponerme a cocinar, y lo hice. De la cama a la cocina (¡parafraseando a Charly!) y empecé de a poco a darle toda mi energía a vender los productos integrales, pero faltaba algo y llegaron: las clases de cocina, fuente de energía y de inspiración total. Supongo que todo esto tendrá que ver con crecer y conocerse más, ¿no? Así, también, empecé a re-escribir, notas, mails, cartas y ahora les doy la bienvenida a este espacio donde van a conocer más de mi y de (mi) mundo gastronómico. Hablar desde el corazón, en un blog que hablará de la cocina, me pareció el mejor lugar para empezar: ¡¡¡¡Bienvenidos!!!! Y ¡que lo disfruten !

Flor

Nota: Flor Cantor | www.facebook.com/florcitacositasricas

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