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Cotidiana

Remanso Valerio: “No falta nada. No sobra nada”

Remanso Valerio: “No falta nada. No sobra nada”

Texto y fotos: Violeta Paulini.

El río se mueve sutil con ritmo de domingo y los reflejos se deforman en el agua con cada onda que avanza hacia la costa del Remanso. Entonces bailan las canoas amarillas con nombre de mujer, que una tras otra se despiertan entre los camalotes. La última de la fila se mece como una cuna sobre la que descansa un perro flaco que, antes de partir, ya sueña con su regreso, para acurrucarse de nuevo entre las redes y el motor.

En la casa del fondo una mujer barre sobre la tierra y las remeras coloridas cuelgan de un tendal. El sol abraza al barrio de pescadores que se esconde más allá del campo largo y la calle de tierra angosta, en el kilometro 314 de la Ruta Provincial 11.

Se entibia el cemento, las chapas muestran su luz. El perrerío está atento y, junto a unas pocas gallinas, custodian las escaleras que conectan una casa con otra. Al final de los pasillos, el Paraná baja crecido.

Gerónimo mira la isla con las manos sujetas detrás de la espalda y el sombrero lo protege de la resolana. Recuerda su juventud vendiendo pescado, recuerda su cámara de fotos con forma de acordeón y ya casi no recuerda su última visita en Corrientes, la provincia donde nació.

Detrás, un hombre se arremanga el pantalón y prepara su bote para partir. Son varios los que bajan por la pendiente, con los bolsos colgando de sus manos.

Una chica se descubre capturada en una foto y reclamando previo aviso, posa junto a su novio para la segunda. Se toman de las manos.

Ya es hora. Los de las botas de lluvia son los que se van.
No falta nada.
No sobra nada.

 

Fotos y texto: Violeta Paulini

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